viernes, 12 de octubre de 2007

El Nobel de la Paz, para la lucha contra el calentamiento


Washington- El que ríe el último ríe mejor, debió de pensar ayer el ex vicepresidente de EE UU Al Gore, cuya cruzada para alertar al mundo de la amenaza del calentamiento global le ha hecho merecedor del Premio Nobel de la Paz, galardón que comparte con el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU.
El Nobel ha revuelto las tripas de la cúpula política de este país, tan criticada por ignorar el Protocolo de Kyoto y seguir negándose a día de hoy a poner unos límites concretos a su capacidad contaminadora, la mayor del mundo. También ha renovado las esperanzas de los entusiastas seguidores de Gore, que quieren que se presente una vez más a la presidencia de EE UU. Para el ex vicepresidente es sin duda un honor, no exento de ironía ni de cierta dosis de justicia poética.
Gore, que perdió las elecciones del año 2000 contra George W. Bush, es probablemente «el individuo que más ha hecho para crear un mayor entendimiento de las medidas que deben ser adoptadas para luchar contra el calentamiento global», subrayó el comité del premio Nobel.
Afirmaciones erróneas
El Parlamento noruego considera que el cambio climático altera y amenaza las condiciones de vida de gran parte de la humanidad y puede agudizar la inestabilidad política, lo que acaba en guerras y conflictos violentos entre las naciones. De ahí que los científicos y el embajador medioambientalista hayan recibido el Nobel de la Paz, un premio que en el pasado ha homenajeado a personajes como la Madre Teresa de Calcula y Martin Luther King.
El Nobel es para Gore un broche dorado y rotundo a un año de reconocimientos mundiales, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional y el Oscar por su documental de 2006, «Una verdad incómoda». La cinta ha sido, sin embargo, objeto de polémica. Esta misma semana, un juez del Tribunal Superior de Londres dictaminaba que el documental contiene hasta nueve afirmaciones científicas «alarmistas y exageradas».
Donará la mitad del premio
Gore se encontraba ayer en San Francisco cuando conoció la noticia. El ex vicepresidente manifestó sentirse «profundamente honrado por el Nobel» y anunció que donará su mitad del premio (cinco millones de coronas suecas o 550.000 euros) a la Alianza para la Protección del Clima, la organización sin ánimo de lucro que preside. «Nos enfrentamos a una emergencia planetaria», añadió en un comunicado. «La crisis del clima no es un asunto político, es un reto moral y espiritual de toda la humanidad».
Gore se une a una lista no muy extensa de políticos estadounidenses que han recibido el Nobel de la Paz, entre los que se encuentran el ex presidente Jimmy Carter, en 2002, y el ex secretario de Estado, Henry Kissinger, en 1973.
La Casa Blanca, por su parte, señaló ayer que «por supuesto nos alegramos» por el reconocimiento a Al Gore y al IPCC. Sin embargo, hay quien ha leído en el galardón una crítica velada a la política poco medioambientalista de la Administración Bush. «Animamos a todos los países, incluidos los grandes, a que digan qué pueden hacer para vencer el calentamiento global», señaló ayer el presidente del Comité Nobel, Ole Danbolt Mojes. «El comité Nobel no ha dado nunca una patada en la pierna a nadie», dijo al explicar que el Nobel de la Paz, «es sólo un mensaje de aliento». Medio ambiente y paz van de la mano.


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